Lorena Parra Mendez psicologa Valencia

¿Cuál es la contribución del Psicoanálisis Relacional al mundo en el que vivimos? Primer Simposio online de IARPP

Espero que el artículo de la semana pasada os haya sido de ayuda y os haya hecho reflexionar sobre vuestro trabajo, si no tuvisteis ocasión de leerlo, aquí os dejo el enlace. En este segundo artículo me gustaría poder compartir las contribuciones de la segunda jornada del Primer Simposio online de IARPP International. Como sabéis, IARPP es una asociación de profesionales de la salud mental que trabajan al amparo del enfoque relacional del psicoanálisis. El Simposio pretendió contribuir al trabajo de los psicólogos durante la pandemia desde nuestro enfoque.

Espero que os ayude a reflexionar y mejore vuestra práctica clínica, sobre todo teniendo en cuenta que no nos vamos a librar de la pandemia de un día para otro, y vamos a tener que seguir trabajando en escenarios de incertidumbre, como el que tenemos ahora. Nuestras vidas han cambiado, las de los pacientes y las de los terapeutas, pensar sobre ello, hacer ajustes, negociar encuadres, vivir en nuestra propia piel la pérdida, la enfermedad y la devastación que deja a su paso, va a afectar a nuestro trabajo clínico y, por lo tanto, al paciente. Y no creo que haya que ser psicoanalista para verlo.

Además, debemos estar preparados para las consecuencias psicológicas a largo plazo de haber pasado por este caos, particularmente aquellos que sin descanso están en primera línea sufriendo y atendiendo a quienes se contagian por mala suerte y a quienes se contagian por falta de responsabilidad.

¿Podré conseguir un testigo? Sobre ser visto y escuchado en un tratamiento psicoanalítico relacional. Cynthia Chalker.

La autora inicia el paper haciendo una referencia a un poemario publicado hace poco, habla sobre cómo la distancia, el lugar donde estamos físicamente altera lo que vemos, cómo la diferencia altera la comprensión. Cynthia es una psicoanalista negra y habla de un caso con una paciente negra también, en Estados Unidos, durante la pandemia y el asesinato de George Floyd a manos de un policía de su ciudad, ese es el contexto. No puedo contar los detalles del caso que ella cuenta, sabéis que para los psicólogos la confidencialidad es fundamental, pero sí compartiré algunas reflexiones que me generó su paper.

Al hilo del caso habla de cómo lo vive ella como terapeuta, cómo trata de ser un analista relacional no intrusivo, trata de estar ahí, acompañando al paciente, para que se sienta libre de expresarse, de sacar todo lo que es confuso incluso para el paciente mismo. Al mismo tiempo el terapeuta debe mantener en equilibro lo propio, sin exigir al paciente lo que no puede dar en la relación, siendo receptivo a lo que el otro puede y no puede hacer.

Dice Cynthia:

El analista tiene que estar disponible para entrar y vivir en estados alterados, incómodos y a veces traumáticos, que pueden en sí mismos eludir la descripción y la elucidación

Resuena Bromberg en mi cabeza con el trabajo terapéutico de habitar entre los espacios de los estados del self disociados, sosteniendo un trabajo terapéutico al filo siempre de la desestabilización del paciente, siendo capaces de estar presentes, ayudándoles a conectar diferentes estados del self separados e incomunicados entre sí. Resuena mi propio trabajo terapéutico con mis pacientes, lo difícil que es emocionalmente para ellos, para mí, estar ahí en medio de todo ese caos. Pero también la paz que se siente cuando todo eso empieza a tomar forma y la vida de los pacientes empieza a organizarse.

Yo no voy a decir que se cómo se siente alguien que es rechazado por el color de su piel, sin que haga o diga nada en especial, soy tan blanca que podría ser translúcida y, aunque todos hemos sentido el rechazo en alguno o en muchos momentos de nuestra vida, no creo que tenga comparación, ni pretendo que así sea. Lo que sí digo es que me dejó muy tocada, porque ser negro, en tiempos de pandemia, en Estados Unidos te puede costar la vida, porque pueden no atenderte en un hospital. No porque no tengas dinero para pagarlo, que todos sabemos cómo ha funcionado allí el sistema de salud, sino porque no eres blanco, así de simple, la prioridad cambia y esto no es su opinión, es algo que viven directa o indirectamente, es una realidad. Cynthia dice que el trauma racializado es sistémico que, si además se mezcla con el patriarcado y eres mujer y negra, entonces te conviertes en invisible.

La escucho hablar y me cuesta procesarlo, tan lejos está eso de mi experiencia, pero ¿lo está? Empiezo a pensar en la migración a Europa, a España, empiezo a pensar en las siguientes generaciones de personas que nacen de migrantes, con menos opciones, menos recursos, que suele ir acompañado de más delincuencia, sin educación y sin recursos la delincuencia crece, no es una cuestión de raza. Y entonces empiezan los odios, ¿es esto lo que nos espera? Acabaremos considerando que alguien por el hecho de tener un color en su piel que no es el mío no es de fiar, esperaremos lo peor de ellos, remarcaremos esa diferencia como si fuera un abismo, si le sumamos la religión diferente, entonces la distancia ya va ser insalvable, ¿es esto lo que nos espera? ¿Está tan lejos la experiencia de Chalker y de su paciente de lo que muchos viven aquí?, ¿de lo que sus hijos vivirán?

¿Podemos aprender algo de lo que sucede allí?, ¿podemos hacer algo para que esto no nos suceda?, ¿empezamos por no usar palabras específicas para referirnos a personas de otro color de piel, sin darle ninguna importancia?, ¿cómo si eso no fuera racismo?, ¿podemos reflexionar sobre nuestras conductas racistas? Se nos pide que miremos, que seamos testigos de lo que sucede, pero quizás ser testigos no es suficiente, quizás cada uno de nosotros debe pararse a considerar qué puede hacer.

Chalker dice a lo largo de todo su paper ¿puedes verme?, como una referencia a la invisibilidad que perciben, con la que viven, que ya forma parte de la manera en la que la tratan ¿podemos?

Improvisando en la época de la pandemia. Philip A. Ringstrom.

No es la primera vez que tengo la suerte de ver a este autor, pude verle en España, estuvo aquí en las Jornadas de relaciones de pareja y comunidad celebradas en La Granja de San Ildefonso en Segovia en 2018.  También escribí un post con algunas ideas interesantes, así que os dejo el enlace por si alguien está interesado en saber un poco más sobre él y sobre su trabajo.

He de decir que me cae simpático, es un señor tranquilo y agradable, le escuchas hablar y puedes ver el entusiasmo que tiene con su forma específica de trabajar, utiliza el lenguaje de la interpretación y convierte el escenario analítico en uno en el que hay actores, narrativa e improvisación. Al hilo de esto dice Philip en relación con la improvisación aplicada al psicoanálisis:

siempre hay alguna forma dramática inexorable que es co-creada de manera única en el tratamiento psicoanalítico. Una que también encarna una narrativa co-creada. Lo que une tanto el drama emergente como la narrativa son elementos recurrentes en el campo terapéutico de cada pareja analítica”.

Considera que analista y paciente se convierten en personajes que asumen diferentes papeles en la relación terapéutica, papeles que les atribuirán un estatus formal e informal en la relación, acompañados de cambios en el campo. No sólo hacen sus actuaciones, sino que son testigos de lo que el otro actúa también. Consecuencia de esto son los intercambios narrativos repetitivos que se desarrollan al poner en práctica esos guiones improvisados en las sesiones terapéuticas. Su manera de percibir el trabajo terapéutico tiene que ver con tratar de facilitar el jugar con lo propio: posibilidades, sentimientos, ideas, limitaciones e incluso el trauma.

Improvisar con las repeticiones dramáticas y sus formas narrativas repetitivas, que van a ir surgiendo en sesión como consecuencia de adoptar nuestros determinados papeles, generará posibilidades que no se pueden predecir desde el principio. Su visión del trabajo terapéutico es compleja, éstas son sólo algunas ideas, que espero os aporten una nueva visión, personalidades diferentes imprimen sus propias características al trabajo terapéutico propio. Cada uno de nosotros utilizamos ejemplos, ideas o temas que nos resultan cómodos, incluso la terminología usada dice mucho de nosotros. Ringstrom me ayuda a ver cómo convertir esa idiosincrasia en un modelo de trabajo que posibilite un trabajo terapéutico de calidad.

Al final de su contribución explica algo que conecta también con lo que dice Anthony Bass, el nuevo portal a la realidad del paciente que suponen las sesiones por videoconferencia, donde podemos ver más de la interacción del paciente con su entorno, con aquellas personas con las que vive y la sola forma de organizarse ya nos dice cosas que no podríamos saber de otra forma. Él habla de que ahora nosotros somos los invitados, que en una terapia anterior a la pandemia el paciente es el invitado en nuestras consultas, pero ahora ellos son nuestros anfitriones. ¿Cómo afecta este cambio a cada pareja terapéutica? Tendremos que tomar el tiempo para reflexionar sobre ello en cada caso concreto y ver cómo podemos utilizar esa nueva ventana para trabajar en beneficio del paciente y qué nuevo material podemos extraer de esa nueva circunstancia.

El psicoanálisis y el mundo fuera de nuestras oficinas: una discusión. Jessica Benjamin.

No se si seré capaz de transmitiros el mensaje que Jessica fue hilando poco a poco en su paper, un mensaje político, una revisión de la política de Estados Unidos (este Simposio sucede un poco después del asalto al Capitolio), pero también unas ideas que pueden ser de utilidad en cualquier país que se llame democrático y en sus ciudadanos y por supuesto incluye el concepto de Tercero moral (os dejo un artículo sobre el Tercero de Benjamin por su os ayuda a comprenderlo mejor).

Parte de la idea de sujetos implicados (Rothberg) entendidos como aquellos que no dañan directamente a los otros, pero se benefician de forma directa o indirecta de ese daño o aceptan pasivamente los beneficios que supone. De entrada, ya nos sitúa en el objetivo, todos nosotros sin excepción participamos en una sociedad en la que esto está sucediendo y en muchos casos no podemos controlarlo, pero no podemos negar que formamos parte. Habla de nuestra sociedad como una que desprecia la dependencia y las necesidades sociales y, sin embargo, apoya el logro, el cuerpo acaba registrando como ansiedad o rendimiento maníaco esa ausencia de seguridad y relajación.

En nuestro trabajo con el trauma hemos podido comprobar cómo ayudar a reparar nos permite conectar y soportar el sufrimiento de los otros. Dice Benjamin: “. Esto conforma nuestra experiencia única con el Tercero moral en la que a veces se nos pide que soportemos el hecho de ser el agresor que es desafiado pero que sobrevive a la destrucción”. Considera que no debemos apartarnos de la idea de dañar, porque se activa enseguida el miedo de poder ser nosotros los perpetradores de ese daño, para salvarnos a nosotros mismos. Debemos soportar ese conocimiento y no negarlo, y para ello debemos imaginar un Tercero moral en política.

En sus propias palabras:

“Por Tercero moral me refiero a la creencia de que el reconocimiento público del daño y la reparación material es posible y que somos responsables de ello. Segundo, que es posible una sociedad solidaria en la que todos los seres vulnerables estén protegidos. Y asociado a esto, la insistencia de que una democracia puede contener intereses que compiten entre sí, es decir, grupos que desafían a los poderosos (agonismo)”.

El Tercero debe contemplar también una sociedad que vaya más allá de la presión de los mercados, un mundo en el que se proteja a las personas. La transformación material es necesaria, pero para ello debemos salir del estado defensivo de culpa, debemos ir más allá de nuestras propias necesidades y vulnerabilidades. Necesitamos entender que necesitamos ese autoexamen doloroso y no elegir entre la necesidad de ser buenos y el reconocimiento de ser también agresores, ya que ambas cosas nos constituyen.

Considera que a los políticos liberales les cuesta reconocer que tienen miedo a los poderosos y al sistema que representan, un sistema que no está preocupado por nuestro futuro real sino por cuánto pueden ganar, sin preocuparse por cuánto destruye a su paso, sin preocuparse por el mundo que dejamos a la siguiente generación, ni por los efectos a corto plazo del consumo en que lo hemos convertido todo. Ensalza la necesidad de centrarnos en el bien público, apoyando los movimientos sociales para poder salir finalmente de la ley de los poderosos.

El grupo de discusión en el que participé después, con personas de diferentes países acusó recibo del mensaje de Jessica, todos sin excepción colocaron sus preocupaciones por lo que políticamente se hace en cada uno de sus países y fue un intercambio fructífero a muchos niveles. Como siempre digo, esta profesión es una profesión solitaria, y tener la oportunidad de compartir con profesionales que pasan por lo mismo, fue una experiencia impagable.

También despertó mi miedo porque algunos países llevan a sus ciudadanos al extremo y se acaban viendo fuertes conflictos sociales en los que la violencia y la destrucción siempre acaban haciendo su aparición. Ojalá encontremos entre todos una forma de hacer transiciones pacíficas, en las que el cuidado a los otros, a la tierra que pisamos y al resto de las especies con las que la compartimos vaya más allá del dinero que ganan unos pocos con la explotación de los otros, de la tierra y de las demás especies.

Espero que te haya servido de ayuda este post.

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Lorena Parra. Psicóloga Valencia.

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